¿Cómo muda el plumaje un gorrión común?

El gorrión común (Passer domesticus), es el paseriforme más común de nuestras ciudades, aún con sus poblaciones en alarmante declive, tal y como se han hecho eco ya varios medios de comunicación.

Sin embargo, para muchos es todavía un gran desconocido. Recordemos que machos y hembras son fácilmente distinguibles externamente dado su dimorfismo sexual.

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El macho (izquierda) tiene el mentón, garganta y pecho negros, una máscara negra entre los ojos y la base del pico, y los lados de la cabeza rojizos, color que se extiende también por las alas de forma más vistosa que en las hembras (derecha), cuya garganta y pecho son de un color ante-oscuro. Los juveniles no se pueden sexar antes de comenzar la muda, y son muy similares a las hembras adultas.

Todos los gorriones, jóvenes y adultos, mudan todas las plumas (muda completa que incluye plumas del cuerpo y las de vuelo) en la segunda mitad del verano. Esto no es lo más habitual en paseriformes, ya que la mayoría de las aves jóvenes sólo realizan una muda parcial, aguantando un año con las plumas que crearon en el nido. Los gorriones, y por ejemplo también los estorninos, mudan todas las plumas, de modo que durante el invierno no es posible distinguir un ejemplar joven de un adulto.

¿Cómo adquieren el vistoso plumaje nupcial en primavera, si no vuelven a mudar hasta el siguiente verano?

Sin embargo, llama la atención que el vistoso babero negro que los machos exhiben en primavera, no es visible ahora, una vez concluida la muda. Algunas especies realizan una puntual muda prenupcial justo antes de primavera, en la que se visten con sus mejores galas antes de comenzar la reproducción. Sin embargo, en el caso de los gorriones éste cambio tiene lugar por desgaste. Las pequeñas plumas negras que visten el pecho de un macho de gorrión común tienen puntas pálidas que ocultan parcialmente el negro brillante. Éstas puntas se van desgastando naturalmente de forma gradual durante el otoño y el invierno, de modo que cuando llega la primavera los machos tienen al descubierto su característico babero negro.

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El carbonero garrapinos, el silbido del otoño

Miles de carboneros garrapinos (Periparus ater) bajan estos días discretamente de los bosques de coníferas del piso oromediterráneo a zonas más bajas y atemperadas, poblando parques y jardines en busca de alimento. Durante el otoño y el invierno, es posible oír el silbido repetitivo y agudo que emite este pequeño párido de 11-12 cm.

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Se trata de un diminuto párido forestal presente en todo el paleártico excepto en Islandia, que se encarama a las ramas de los árboles a menudo en posiciones acrobáticas e imposibles, buscando alimento y permaneciendo absorto a lo que ocurre a su alrededor.

Aunque de lejos es prácticamente imposible saber su edad, el manejo en mano puede darnos pistas si atendemos a la coloración y el diseño de las plumas del ala.

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Los páridos acostumbran a mudar gran parte de las cobertoras mayores en su primer año de vida. Sin embargo, no mudan las cobertoras primarias, por lo que el contraste entre el color marronáceo de éstas y negruzco azulado de aquellas, delata que han llevado a cabo sólo una muda parcial, propia de los jóvenes del año. Los adultos mudan todo el plumaje en su muda postnupcial, por lo que a estas alturas del año todas esas plumas presentan la misma tonalidad oscura y no hay tal contraste. El individuo de la foto, además, ha retenido dos cobertoras mayores externas.

Recordemos que estas plumas retenidas se desarrollan ya en el nido, y son plumas que crecen rápido, con poco pigmento, finas y claramente de peor calidad que las plumas de un adulto. En algunas semanas, éstas débiles plumas y las plumas de vuelo mostrarán un marcado desgaste que no presenta el plumaje del adulto.

La muda postnupcial está a punto de terminar

La mayoría de las aves adaptan su ciclo de muda anual a la reproducción, comenzando la muda una vez que han terminado de reproducirse. La reproducción, la migración y la propia muda, son quizá los tres momentos que más energía demandan al ave a lo largo de un año. Por lo tanto ninguno de ellos coinciden en el tiempo. De esta manera, las aves migratorias pueden mudar tan pronto terminan de reproducirse para viajar con un plumaje nuevo, o hacerlo en sus cuarteles de invierno. Otra importante proporción de especies suspende la muda iniciada antes de migrar para concluirla en los cuarteles de invierno. Es imprescindible para el anillador conocer estas estrategias para poder datar correctamente a un individuo.

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Este joven nacido durante el año 2015 presenta características únicas que lo diferencian de los adultos. Entre ellas, el rojo de la cabeza está ausente, y como vemos ya está empezando a formarse en la parte anterior del píleo. Externamente, en pocos días será casi indistinguible de sus padres. Sólo examinando su plumaje en mano podríamos advertir que se trata de un joven de pocas semanas de vida.

Durante estos meses previos a la temporada fría en la que la migración está en auge, las aves sedentarias que no emplean su tiempo en migrar, pueden mudar su plumaje porque no van a realizar largos desplazamientos. Es el caso del jilguero (Carduelis carduelis), cuyos adultos realizan una muda completa (incluye las plumas de vuelo).

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En el ejemplar de la imagen, vemos que falta una primaria externa por tirar (la décima primaria es vestigial y probablemente ya la haya tirado), y también faltan algunas secundarias por tirar. Las terciarias, que se mudan a parte, ya son nuevas. Todos los paseriformes europeos, con la excepción del papamoscas gris (Muscicapa striata), mudan sus plumas de vuelo de dentro hacia fuera, de forma simétrica en ambas alas y comenzando por la primaria más interna, situada en el centro del ala.

Es muy común – como sucede en el jilguero – que los jóvenes del año sólo muden en su primer verano las plumas corporales y no las de vuelo, por lo que un joven del año presentará al final del verano un cierto desgaste en la punta de las plumas que no presenta el adulto.

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Evidentemente, el ligerísimo desgaste de una pluma de joven que lleva en el ala solo algunas semanas, no es comparable a la abrasión que exhibe una pluma de adulto que se lleva utilizando un año entero. Por ello suelen resultar muy evidentes las diferencias entre un adulto que aún no ha comenzado a mudar y un joven que ya ha salido del nido, si bien estas diferencias suelen acompañarse de otras más evidentes que, en suma, facilitan el datado del ave. Más adelante discutiremos la importancia que tiene para el anillador el datado de las aves anilladas, ya que la proporción de edades y la forma en que éstas oscilan a lo largo del ciclo anual es un dato de gran importancia para estimar la calidad de las poblaciones.

Aves urbanas al alcance de la mano

Este álbum que publica hoy El País, nos descubre cómo una gran cantidad de especies de aves pueden ser vistas fácilmente en nuestros parques y jardines urbanos. Se acerca lentamente la temporada fría, y con ella disminuye la disponibilidad de alimento para muchas aves, con lo que los comederos se presentan como una excelente opción para atraer a una multitud de especies a nuestras ventanas. Ya dedicaremos una entrada a este tema, sin olvidar tener muy en cuenta que la instalación de estos comederos provocan cierta querencia de muchas especies de aves. Significa esto que rellenarlos supone una responsabilidad, porque las aves dejan de explorar otras zonas potencialmente mejores para concentrarse en las zonas de los comederos; si éstos están vacíos en días críticos, podemos poner en peligro sus vidas por un simple descuido. Como decimos, más adelante abordaremos este tema, para saber cómo y dónde colocar comederos para atraer aves en invierno.

http://elpais.com/elpais/2015/09/06/album/1441494640_232820.html

Espiando a una familia de mirlos: Historia de una pareja anillada

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Pocas veces se dan oportunidades como esta. Una pareja de mirlos (Turdus merula) había decidido ubicar su nido en un lugar accesible de mi jardín, y tuve la suerte de descubrirlo poco antes del comienzo de la puesta. Instalé una webcam muy cerca, para poder seguir el desarrollo de los pollos y analizar algunos datos como la composición y frecuencia de las cebas, comportamiento de los padres con los pollos, posibles depredaciones… El primer huevo estaba puesto el 8 de junio en las primeras horas del día – sobre las 5 am, hora solar – y el segundo, al día siguiente. La mayoría de los paseriformes ponen un huevo cada día y normalmente la incubación comienza con la puesta del penúltimo. De esta forma los pollitos nacen todos casi a la vez y su desarrollo es muy similar, habiendo si acaso uno o dos más pequeños, pero estas diferencias se diluyen pronto. Así, la incubación comenzó el mismo día 9 y se prolongó 13 días, naciendo los pollos el 22 de junio. Un tercer huevo no llegó a eclosionar, algo que es relativamente común en fechas con temperaturas extremas.

Elegí la cámara Logitech C920 por su buena resolución y porque permite corregir varios parámetros mientras se graba, algo de gran utilidad para filmaciones de exterior donde la luz cambia casi cada hora.

Desde el primer día las cebas eran constantes, y los padres se presentaron ante las cámaras con una grata sorpresa: ambos estaban anillados.

imagen nidoLas anillas eran fácilmente legibles:  el macho fue anillado en 2014 y datado como adulto (nació en 2012 o antes), y la hembra, que en la imagen de arriba aparece cebando a un pollo, fue anillada el pasado mes de mayo. Por entonces tenía aún restos de placa de incubación, por lo que ya estaba criando una puesta anterior. Según el datado por el plumaje, nació en 2013 o antes (código edad Euring 6).

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Hembra (izquierda) y macho (derecha) anillados respectivamente el 17/5/15 y el 2/5/14 a pocos metros de donde ahora han decidido instalar su nido.

Las cebas se sucedieron puntualmente cada 15-20 minutos (5-10 en algunos días prolíficos, y menos a menudo al final del desarrollo), y las lombrices fueron las protagonistas indiscutibles. Completaban la dieta las hormigas voladoras, babosas, saltamontes, arañas, y larvas de Tipula, sorprendentemente abundantes al parecer. Hacia el final del desarrollo los padres aportaron frutos de Berberis aquifolium. En esta primera secuencia me llama especialmente la atención la manera que tiene la hembra de atraer la atención de los pollos y estimular la apertura de sus picos con una señal acústica muy concreta, ya que éstos son ciegos y todavía no saben cuándo abrir el pico ni hacia dónde.

Como ya contaré en una nueva entrada más detenidamente, la crianza de estos pollos ha tenido que enfrentarse a un problema fuera de lo habitual, que cualquiera que haya estado en España este año a principios de julio comprenderá: la ola de calor. Los padres han tenido que llevar a cabo una serie de estrategias para minimizar la pérdida de agua en los pollos que creo merecen mención a parte, pero lo más interesante es que estas estrategias son realizadas casi exclusivamente por la hembra. Así, entre otras pautas, la hembra se empapaba de agua, o permanecía sobre los pollos sin tocarlos asegurándoles sombra durante largo rato.

Los pollos fueron creciendo, y como era de esperar tanto el macho como la hembra retiraban siempre los sacos fecales de ambos retoños. Recordemos que los nidos de Turdus merula permanecen limpios durante todo el desarrollo gracias a este comportamiento, algo que no sucede, por ejemplo, en la mayoría de los fringílidos.

Para terminar, dejo una secuencia de la hembra insistiendo en una ceba forzada, ya que uno de los pollos era incapaz de tragar. Poco después de este vídeo, ambos pollos abandonaron el nido con un salto voluntario, y no dirigidos por los padres como sí suele ocurrir en otras especies. El abandono del nido se produjo en días consecutivos alrededor de las 15h (hora solar).

Para terminar, dejo un completo vídeo en el que vemos al macho cebando y retirando el saco fecal. Como complemento a todo lo que hemos visto hasta ahora, se muestra cómo el macho ceba al segundo pollo con los restos de lo que deja el primero; normalmente, cuando la ceba aportada es muy voluminosa, los padres aprovechan lo que un pollo no puede tragar para alimentar a otro. En la secuencia se observa perfectamente que la ceba contiene dos larvas de Tipula y un adulto de Dermaptera.

¿Qué hace un pájaro independizado cuando sus padres vuelven a criar?

Aunque algunas especies solamente crían una vez al año, otras muchas como los carboneros o los mirlos, empiezan una segunda puesta cuando consideran que los pollitos de la primera ya pueden valerse por sí mismos.

En este contexto, he tenido la posibilidad de recapturar el 10 de junio un joven carbonero común anillado hace un mes en el nido (5 de mayo), justo en el momento en el que sus padres incuban la segunda puesta de lo que serán sus futuros nuevos hermanos mayores.

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Para empezar, lo primero que hace es no dispersarse demasiado en sus primeros días como joven independiente. Puede alimentarse por sí mismo y de hecho su peso, aspecto y condición física no son muy diferentes de sus padres. Las comisuras del pico, exageradamente marcadas, y las mejillas aún amarillentas, delatan su corta edad. Su plumaje ya ha alcanzado la plenitud del desarrollo y en él pueden advertirse algunos matices propios de los jóvenes. En la cola de este individuo se observa un cambio en la densidad de la pigmentación que se acentúa más abrupta que gradualmente en la zona terminal, algo que nos viene a decir que en esos días de formación de la pluma la alimentación que recibió pudo ser menos abundante de lo habitual.

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Cuando estos periodos de abundancia alternan con otros de escasez, los vemos reflejado en las barras de crecimiento (también visibles en estas plumas de la cola, justo en esa zona “clara” de la zona terminal de las mismas).

Sabemos que algunos jóvenes de especies que en su segunda primavera no son aún sexualmente maduros y que por tanto no se reproducen, ayudan a sus padres a criar a los polluelos de su única nidada anual. Es el caso de las cornejas, cuyos jóvenes de un año de vida aprenden de esta manera las complicaciones de criar a una familia al tiempo que ayudan a sus padres en esta tarea. Cuando cumplan dos años y se reproduzcan, habrán visto de cerca cómo es sacar adelante los pollos, y la experiencia les habrá instruido lo suficiente como para evitar ciertos errores que indudablemente reducen la eficacia de las reproducciones primerizas en otras especies.

No es el caso de los carboneros, quienes en estos días aprenden por sí mismos a buscarse el alimento sin molestar demasiado a sus padres, ya concentrados en cuidar de la siguiente puesta. Sí es cierto, sin embargo, que mientras la hembra incuba estos 12-13 días el macho puede dedicarse a atender y vigilar a estos pollos ya crecidos, aunque ahora su tarea es doble: no debe tampoco desatender a la hembra que incuba los huevos, y religiosamente entra en la caja nido una vez por hora para alimentarla.

Anillamiento de las nuevas generaciones

La ocupación de las cajas nido y el hecho de que algunos nidos de especies que toleran la manipulación estén accesibles en las zonas de estudio, hace posible anillar una gran cantidad de pollos en jornadas intensivas, concentrando los esfuerzos y consiguiendo en poco tiempo datos muy importantes. En especies como la grajilla o el críalo, anilladas durante el año en contadas ocasiones, se puede anillar un número relativamente alto de individuos gracias al conocimiento de las pautas de cría.

A este respecto, la grajilla y el estornino siguen mereciendo especial atención para mí, ya que continúo el proyecto de anillamiento con PVC blanco junto a la anilla oficial de metal. Este método de marcaje con anilla de lectura a distancia, que posibilita la identificación del individuo sin necesidad de capturarlo, puede darnos mucha información sobre estas dos especies cuyos movimientos en nuestro territorio no son aún bien conocidos.

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Alguien voló sobre el nido del Críalo (Clamator glandarius)

El Críalo europeo, cuyo nombre merece un premio a la perspicacia, es junto con el Cuco la única especie de la avifauna ibérica que no se hace cargo de sus huevos. Ambas especies parasitan los nidos de otras aves, que incubarán sus huevos en sus propios nidos, limitándose los parásitos a poner los huevos en los nidos de aquellas, y asegurar así la supervivencia de su prole.

Sin embargo, las estrategias son bien distintas. Por lo general Cuco es más fácil de oír que de ver. Se posa en ramas altas al abrigo de algo que le tape, para emitir su “cu-cú” incansable al tiempo que vigila la actitud reproductora de petirrojos, acentores, chochines, y otras especies que parasita para colocar en sus nidos un huevo, no sin antes eliminar uno de su huésped, el cuál llevará lejos o comerá allí mismo. Mucho hay que contar sobre este comportamiento y lo que sucede a partir de entonces, pero ahora me ocupa un caso algo menos conocido que he podido comprobar recientemente.

El Críalo europeo no tiene un amplio rango de especies a las que parasitar, sino que está especializado en córvidos y, mucho más comúnmente, en la Urraca; y la estrategia es radicalmente distinta.

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El macho de Críalo no es sigiloso, no se esconde. Tan pronto como llega de África, o más bien, tan pronto como las urracas tienen su nido listo para albergar la puesta, el críalo vuela escandalosamente por el campo, se deja ver, casi provoca que uno deje de hacer lo que está haciendo para mirarle. Y es precisamente lo que quiere. Las urracas no son inmunes a este escándalo, e instintivamente lo persiguen y hostigan mientras él escapa y se deja perseguir, sin remitir en sus gritos ni en su actitud ostentosa. El objetivo no es otro que el de alejar la atención de la pareja de urracas de su nido, al cuál la hembra de críalo, sigilosa, se acercará poniendo un huevo. Aquí hay aún mucho que estudiar, porque continuamente se vienen haciendo observaciones que rebaten y complementan lo que ya está estudiado. Lo que se sabe de momento, es que la hembra pone 1, 2 ó más huevos en el nido de urraca, a veces retirando uno de los del hospedador, pero siempre o casi siempre dañando de alguna manera alguno de los huevos de urraca. Dentro de lo cruel del asunto, resulta fascinante comprobar cómo en una puesta de urraca parasitada por críalo, los huevos de aquella permanecen en el nido pero aparecen con melladuras, arañazos, o verdaderas grietas.

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Cuando la urraca llega al nido, normalmente no advierte la diferencia de los huevos del intruso con los suyos. Tampoco muchas veces se percata de los daños en sus propios huevos, incubándolos sin éxito junto al resto; si se da cuenta de las roturas, entonces directamente los retira, y, en cualquier caso, el Críalo ya parte con ventaja frente a sus competidores de nido.

No es la única competencia desleal en la batalla que ya está en curso. Los huevos de críalo tienen un periodo de incubación de 12-13 días, mucho menor que el de las urracas, de 17-18 días. Así, para cuando las urracas nacen (si lo hacen), éstas pesan 6 gramos y los críalos unos 60. Ni la fuerza ni la actitud reclamando alimento es comparable, y lo lógico es que a las pocas horas los jóvenes críalos ya se apoyen sobre los cadáveres de sus hermanas adoptivas. Si las urracas han descubierto la trampa y eliminan los huevos, los críalos pueden saberlo gracias a puntuales visitas en las que comprueban que todo va bien. Si esto no ha sido así, lo normal es que rompan o roben todos los huevos de urraca, de modo que ésta efectúa una puesta de reposición en unos días. En ella, el críalo vuelve a intentar el engaño. Como en este segundo intento el éxito suele ser mayor, se ha interpretado esto como un comportamiento mafioso del críalo, según el cuál el críalo castiga a las urracas, y éstas no vuelven a rechazar sus huevos sabedoras del destino que tendría su nueva puesta. Considero este análisis un antropomorfismo algo distante de la realidad. El críalo pretende, a mi juicio, forzar una puesta de reposición inmediata que asegure la supervivencia de alguno de sus huevos. Lejos de tratarse de un castigo, la estrategia cuenta con la ventaja de que los huevos de este tipo de puestas de reposición en las urracas están menos pigmentados, y son simplemente más difíciles de diferenciar de los de críalo que en las primeras puestas.

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Jóvenes críalos (Clamator glandarius) en un nido de urraca (Pica pica) con 3 y 7 días de edad.

Como vemos, los pequeños críalos eclosionan antes que sus hermanos adpotivos. Pronto es necesario que ambas urracas les alimenten, desocupando la tarea de incubación que aún deberían llevar a cabo. Así, en muchos casos como en este los huevos de urraca ni siquiera llegan a eclosionar. Éstos se quedan en el nido o son retirados de uno en uno.

Gracias al descubrimiento de este nido he podido anillar a estos dos pollitos de una especie cuyos movimientos migratorios no son aún bien conocidos. En la fotografía vemos a uno de los jóvenes con 8 días de vida mostrando un desarrollo espectacular para su corta vida, y un detalle de los dedos en disposición zigodáctila: dos dedos hacia delante y dos dedos hacia detrás. Los cuculiformes se distinguen de los paseriformes entre otras cosas por este detalle anatómico, teniendo estos últimos los dedos en disposición anisodáctila, es decir, tres dedos hacia delante y un cuarto dedo orientado hacia atrás.

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Para terminar, un breve repunte lógico: conforme el pollo de críalo crece, su aspecto es claramente distinto al de una urraca (cuando es muy pequeño puede distinguirse por las papilas de la boca o por la zigodactilia en sus patas frente a la anisodactilia de la urraca). Uno puede preguntarse por qué las urracas no detectan que el pollo que crían no está “convirtiéndose” en urraca, una vez que, por ejemplo el anillo ocular rojo que una urraca no tendría, comienza a ser visible. También cabe preguntarse si podrían aprender a rechazar los huevos de críalo, que, como vemos, no son tan parecidos, o si podrían dejar de perseguir en vuelo a los críalos si es en su ausencia es cuando se produce el cambio. Lo cierto es que se ha observado que algunas parejas de urracas son reticentes a dejar el nido solo aún viendo pasar por sus ojos el incontrolable estímulo de un críalo volando y gritando. En realidad, nos encontramos inmersos en un proceso evolutivo que lleva y llevará probablemente miles de generaciones, fruto del cuál los jóvenes críalos siguen saliendo adelante cada año, a costa de la vida de las urracas.

Cajas nido de Carbonero común (Parus major)

Gran parte de los estudios sobre la reproducción en Paseriformes se ha realizado con el carbonero común (Parus major), gracias a su facilidad para aceptar cajas nido y al hecho de que por lo común se dejan manipular sin abandonar la puesta.

Durante estos días vivimos en el centro de España el inicio de la reproducción de esta especie, y una de mis cajas ya ha sido ocupada por una pareja que terminaba de construir el nido en los últimos días de marzo.

Justo antes de amanecer el 1 de abril, la hembra ponía el primer huevo en la caja. Este huevo reposa sin incubar, a la espera de que la puesta esté casi completa. A razón de un huevo diario, la hembra va engrosando la puesta hasta un total de 8 huevos, cubriéndolos cuidadosamente con pelo de forma que es imposible verlos, evitando además que se desequen. No olvidemos que el huevo es una estructura porosa que permite (y necesita) el intercambio gaseoso con el medio externo; este intercambio, como consecuencia de las elevadas temperaturas de esos primeros días de abril, puede provocar una excesiva pérdida de agua que el embrión necesitará durante los 12-13 días que durará la incubación. En su caso, este recubrimiento también los protege del frío excesivo, y por supuesto de los depredadores, ya que los huevos quedan tapados de tal forma que es imposible verlos desde el agujero. Destapando con cuidado pueden verse los huevos puestos hasta el momento, caracterizados por un fino punteado rojizo repartido uniformemente por toda la superficie sobre un fondo blanco, sin acúmulos de color en la parte gruesa como sí ocurre frecuentemente en el herrerillo común.

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Con el penúltimo huevo la hembra comienza la incubación, asegurando así que todos los pollos nacen prácticamente a la vez. Solamente el último nace horas más tarde, lo que no llega a ser un problema ya que pronto la diferencia de tamaño es imperceptible, pero adelantar un día la incubación es altamente beneficioso al acortar un día la cría y por tanto la exposición a los depredadores, o en vistas a una más que probable segunda puesta.

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El día 21 de abril tienen lugar los nacimientos, y el aporte de alimento es frenético a las pocas horas, permaneciendo la hembra encima de los pollos para asegurar el aporte de calor, y siendo el macho en estas primeras etapas el encargado de traer alimento. De momento, las cebas se basan en larvas de Lepidoptera, y arañas.

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Anillamiento de autillos en Madrid

Durante los días inmediatamente posteriores a su llegada desde África, los autillos – Otus scops – se dedican a delimitar y defender el territorio que les servirá para criar durante las próximas semanas. Su conducta esquiva y aspecto mimético dificultan el estudio de sus movimientos el resto del año, y mucho tenemos aún que aprender de las costumbres migratorias de este pequeño estrigiforme. Moreau (1972) ya estableció que las poblaciones europeas de autillos invernan en el sur del Sahara, alcanzando Senegal, aunque algunos datos recientes de individuos marcados con emisores gps sugieren que nuestras poblaciones seleccionan el oeste de Marruecos, adentrándose si acaso en Mauritania sólo septentrionalmente. Adicionalmente, algunos individuos parecen haber sido vistos también durante el invierno en la costa de la Península Ibérica , lo que indicaría que parte de las poblaciones podrían no ser migratorias.

Es en este periodo cuando he podido aprovechar algunas noches para identificar ciertos territorios urbanos de la especie, que aprovecha arboledas ligadas a terrenos abiertos arbustivos para establecerse y criar. Por el momento, he podido anillar 6 ejemplares.

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Los primeros datos que se toman del individuo una vez anillado son la edad y el sexo. Antes de la reproducción, muchos de ellos son difíciles o incluso imposibles de sexar por el plumaje. El tamaño puede servir de ayuda, ya que las hembras suelen ser algo más grandes. Así, sólo los individuos que tienen la F8 (octava primaria) > 124 mm pueden ser sexados como hembras. Los menores, pueden ser tanto machos como hembras. Más adelante podrán sexarse en función de la presencia de placa incubatriz, que solamente presentan las hembras. Recordaremos un artículo anterior que hablaba precisamente de la placa incubatriz.

El datado se basa en discernir qué individuo nació el año pasado y cuál lo hizo antes, ya que aún no hay pollos del año. En su primer año de vida, tras el verano, los juveniles realizan una muda parcial que incluye las plumas del cuerpo, las pequeñas y las medianas coberteras (muda postjuvenil). Las plumas de vuelo y las de la cola se conservan en su primer invierno, por lo que van y vuelven de África con ellas, y por ello a su llegada a los sitios de reproducción éstas tienen un considerable desgaste.

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Fijándonos sobre todo en el par central de plumas de la cola, son más bien puntiagudas y el diseño forma un barreado de líneas negras irregulares acompañando a cada área pálida. Su consistencia es débil, siendo casi translúcidas con una pigmentación suave. En laa cola de un adulto los extremos son redondeados, y el diseño del barreado es más uniforme y ancho, con anchas líneas negras que acompañan regularmente a cada área blanca, que se difumina sólo levemente hacia el extremo distal.

La forma de las primarias y secundarias es también muy útil para datar individuos: en los juveniles son estrechas y afiladas distalmente, mientras que en los adultos, que realizaron una muda completa en sus cuarteles de invierno (muda postnupcial), estas plumas son redondeadas en su extremo distal, y más anchas. Su diseño también difiere, aunque como veremos más adelante cuando tengamos la oportunidad de comparar con pollos del año, apreciar esto es algo más difícil y y requiere quizá contrastar más individuos para verlo claramente.

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