Espiando a una familia de mirlos: Historia de una pareja anillada

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Pocas veces se dan oportunidades como esta. Una pareja de mirlos (Turdus merula) había decidido ubicar su nido en un lugar accesible de mi jardín, y tuve la suerte de descubrirlo poco antes del comienzo de la puesta. Instalé una webcam muy cerca, para poder seguir el desarrollo de los pollos y analizar algunos datos como la composición y frecuencia de las cebas, comportamiento de los padres con los pollos, posibles depredaciones… El primer huevo estaba puesto el 8 de junio en las primeras horas del día – sobre las 5 am, hora solar – y el segundo, al día siguiente. La mayoría de los paseriformes ponen un huevo cada día y normalmente la incubación comienza con la puesta del penúltimo. De esta forma los pollitos nacen todos casi a la vez y su desarrollo es muy similar, habiendo si acaso uno o dos más pequeños, pero estas diferencias se diluyen pronto. Así, la incubación comenzó el mismo día 9 y se prolongó 13 días, naciendo los pollos el 22 de junio. Un tercer huevo no llegó a eclosionar, algo que es relativamente común en fechas con temperaturas extremas.

Elegí la cámara Logitech C920 por su buena resolución y porque permite corregir varios parámetros mientras se graba, algo de gran utilidad para filmaciones de exterior donde la luz cambia casi cada hora.

Desde el primer día las cebas eran constantes, y los padres se presentaron ante las cámaras con una grata sorpresa: ambos estaban anillados.

imagen nidoLas anillas eran fácilmente legibles:  el macho fue anillado en 2014 y datado como adulto (nació en 2012 o antes), y la hembra, que en la imagen de arriba aparece cebando a un pollo, fue anillada el pasado mes de mayo. Por entonces tenía aún restos de placa de incubación, por lo que ya estaba criando una puesta anterior. Según el datado por el plumaje, nació en 2013 o antes (código edad Euring 6).

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Hembra (izquierda) y macho (derecha) anillados respectivamente el 17/5/15 y el 2/5/14 a pocos metros de donde ahora han decidido instalar su nido.

Las cebas se sucedieron puntualmente cada 15-20 minutos (5-10 en algunos días prolíficos, y menos a menudo al final del desarrollo), y las lombrices fueron las protagonistas indiscutibles. Completaban la dieta las hormigas voladoras, babosas, saltamontes, arañas, y larvas de Tipula, sorprendentemente abundantes al parecer. Hacia el final del desarrollo los padres aportaron frutos de Berberis aquifolium. En esta primera secuencia me llama especialmente la atención la manera que tiene la hembra de atraer la atención de los pollos y estimular la apertura de sus picos con una señal acústica muy concreta, ya que éstos son ciegos y todavía no saben cuándo abrir el pico ni hacia dónde.

Como ya contaré en una nueva entrada más detenidamente, la crianza de estos pollos ha tenido que enfrentarse a un problema fuera de lo habitual, que cualquiera que haya estado en España este año a principios de julio comprenderá: la ola de calor. Los padres han tenido que llevar a cabo una serie de estrategias para minimizar la pérdida de agua en los pollos que creo merecen mención a parte, pero lo más interesante es que estas estrategias son realizadas casi exclusivamente por la hembra. Así, entre otras pautas, la hembra se empapaba de agua, o permanecía sobre los pollos sin tocarlos asegurándoles sombra durante largo rato.

Los pollos fueron creciendo, y como era de esperar tanto el macho como la hembra retiraban siempre los sacos fecales de ambos retoños. Recordemos que los nidos de Turdus merula permanecen limpios durante todo el desarrollo gracias a este comportamiento, algo que no sucede, por ejemplo, en la mayoría de los fringílidos.

Para terminar, dejo una secuencia de la hembra insistiendo en una ceba forzada, ya que uno de los pollos era incapaz de tragar. Poco después de este vídeo, ambos pollos abandonaron el nido con un salto voluntario, y no dirigidos por los padres como sí suele ocurrir en otras especies. El abandono del nido se produjo en días consecutivos alrededor de las 15h (hora solar).

Para terminar, dejo un completo vídeo en el que vemos al macho cebando y retirando el saco fecal. Como complemento a todo lo que hemos visto hasta ahora, se muestra cómo el macho ceba al segundo pollo con los restos de lo que deja el primero; normalmente, cuando la ceba aportada es muy voluminosa, los padres aprovechan lo que un pollo no puede tragar para alimentar a otro. En la secuencia se observa perfectamente que la ceba contiene dos larvas de Tipula y un adulto de Dermaptera.

¿Qué hace un pájaro independizado cuando sus padres vuelven a criar?

Aunque algunas especies solamente crían una vez al año, otras muchas como los carboneros o los mirlos, empiezan una segunda puesta cuando consideran que los pollitos de la primera ya pueden valerse por sí mismos.

En este contexto, he tenido la posibilidad de recapturar el 10 de junio un joven carbonero común anillado hace un mes en el nido (5 de mayo), justo en el momento en el que sus padres incuban la segunda puesta de lo que serán sus futuros nuevos hermanos mayores.

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Para empezar, lo primero que hace es no dispersarse demasiado en sus primeros días como joven independiente. Puede alimentarse por sí mismo y de hecho su peso, aspecto y condición física no son muy diferentes de sus padres. Las comisuras del pico, exageradamente marcadas, y las mejillas aún amarillentas, delatan su corta edad. Su plumaje ya ha alcanzado la plenitud del desarrollo y en él pueden advertirse algunos matices propios de los jóvenes. En la cola de este individuo se observa un cambio en la densidad de la pigmentación que se acentúa más abrupta que gradualmente en la zona terminal, algo que nos viene a decir que en esos días de formación de la pluma la alimentación que recibió pudo ser menos abundante de lo habitual.

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Cuando estos periodos de abundancia alternan con otros de escasez, los vemos reflejado en las barras de crecimiento (también visibles en estas plumas de la cola, justo en esa zona “clara” de la zona terminal de las mismas).

Sabemos que algunos jóvenes de especies que en su segunda primavera no son aún sexualmente maduros y que por tanto no se reproducen, ayudan a sus padres a criar a los polluelos de su única nidada anual. Es el caso de las cornejas, cuyos jóvenes de un año de vida aprenden de esta manera las complicaciones de criar a una familia al tiempo que ayudan a sus padres en esta tarea. Cuando cumplan dos años y se reproduzcan, habrán visto de cerca cómo es sacar adelante los pollos, y la experiencia les habrá instruido lo suficiente como para evitar ciertos errores que indudablemente reducen la eficacia de las reproducciones primerizas en otras especies.

No es el caso de los carboneros, quienes en estos días aprenden por sí mismos a buscarse el alimento sin molestar demasiado a sus padres, ya concentrados en cuidar de la siguiente puesta. Sí es cierto, sin embargo, que mientras la hembra incuba estos 12-13 días el macho puede dedicarse a atender y vigilar a estos pollos ya crecidos, aunque ahora su tarea es doble: no debe tampoco desatender a la hembra que incuba los huevos, y religiosamente entra en la caja nido una vez por hora para alimentarla.

Anillamiento de las nuevas generaciones

La ocupación de las cajas nido y el hecho de que algunos nidos de especies que toleran la manipulación estén accesibles en las zonas de estudio, hace posible anillar una gran cantidad de pollos en jornadas intensivas, concentrando los esfuerzos y consiguiendo en poco tiempo datos muy importantes. En especies como la grajilla o el críalo, anilladas durante el año en contadas ocasiones, se puede anillar un número relativamente alto de individuos gracias al conocimiento de las pautas de cría.

A este respecto, la grajilla y el estornino siguen mereciendo especial atención para mí, ya que continúo el proyecto de anillamiento con PVC blanco junto a la anilla oficial de metal. Este método de marcaje con anilla de lectura a distancia, que posibilita la identificación del individuo sin necesidad de capturarlo, puede darnos mucha información sobre estas dos especies cuyos movimientos en nuestro territorio no son aún bien conocidos.

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Alguien voló sobre el nido del Críalo (Clamator glandarius)

El Críalo europeo, cuyo nombre merece un premio a la perspicacia, es junto con el Cuco la única especie de la avifauna ibérica que no se hace cargo de sus huevos. Ambas especies parasitan los nidos de otras aves, que incubarán sus huevos en sus propios nidos, limitándose los parásitos a poner los huevos en los nidos de aquellas, y asegurar así la supervivencia de su prole.

Sin embargo, las estrategias son bien distintas. Por lo general Cuco es más fácil de oír que de ver. Se posa en ramas altas al abrigo de algo que le tape, para emitir su “cu-cú” incansable al tiempo que vigila la actitud reproductora de petirrojos, acentores, chochines, y otras especies que parasita para colocar en sus nidos un huevo, no sin antes eliminar uno de su huésped, el cuál llevará lejos o comerá allí mismo. Mucho hay que contar sobre este comportamiento y lo que sucede a partir de entonces, pero ahora me ocupa un caso algo menos conocido que he podido comprobar recientemente.

El Críalo europeo no tiene un amplio rango de especies a las que parasitar, sino que está especializado en córvidos y, mucho más comúnmente, en la Urraca; y la estrategia es radicalmente distinta.

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El macho de Críalo no es sigiloso, no se esconde. Tan pronto como llega de África, o más bien, tan pronto como las urracas tienen su nido listo para albergar la puesta, el críalo vuela escandalosamente por el campo, se deja ver, casi provoca que uno deje de hacer lo que está haciendo para mirarle. Y es precisamente lo que quiere. Las urracas no son inmunes a este escándalo, e instintivamente lo persiguen y hostigan mientras él escapa y se deja perseguir, sin remitir en sus gritos ni en su actitud ostentosa. El objetivo no es otro que el de alejar la atención de la pareja de urracas de su nido, al cuál la hembra de críalo, sigilosa, se acercará poniendo un huevo. Aquí hay aún mucho que estudiar, porque continuamente se vienen haciendo observaciones que rebaten y complementan lo que ya está estudiado. Lo que se sabe de momento, es que la hembra pone 1, 2 ó más huevos en el nido de urraca, a veces retirando uno de los del hospedador, pero siempre o casi siempre dañando de alguna manera alguno de los huevos de urraca. Dentro de lo cruel del asunto, resulta fascinante comprobar cómo en una puesta de urraca parasitada por críalo, los huevos de aquella permanecen en el nido pero aparecen con melladuras, arañazos, o verdaderas grietas.

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Cuando la urraca llega al nido, normalmente no advierte la diferencia de los huevos del intruso con los suyos. Tampoco muchas veces se percata de los daños en sus propios huevos, incubándolos sin éxito junto al resto; si se da cuenta de las roturas, entonces directamente los retira, y, en cualquier caso, el Críalo ya parte con ventaja frente a sus competidores de nido.

No es la única competencia desleal en la batalla que ya está en curso. Los huevos de críalo tienen un periodo de incubación de 12-13 días, mucho menor que el de las urracas, de 17-18 días. Así, para cuando las urracas nacen (si lo hacen), éstas pesan 6 gramos y los críalos unos 60. Ni la fuerza ni la actitud reclamando alimento es comparable, y lo lógico es que a las pocas horas los jóvenes críalos ya se apoyen sobre los cadáveres de sus hermanas adoptivas. Si las urracas han descubierto la trampa y eliminan los huevos, los críalos pueden saberlo gracias a puntuales visitas en las que comprueban que todo va bien. Si esto no ha sido así, lo normal es que rompan o roben todos los huevos de urraca, de modo que ésta efectúa una puesta de reposición en unos días. En ella, el críalo vuelve a intentar el engaño. Como en este segundo intento el éxito suele ser mayor, se ha interpretado esto como un comportamiento mafioso del críalo, según el cuál el críalo castiga a las urracas, y éstas no vuelven a rechazar sus huevos sabedoras del destino que tendría su nueva puesta. Considero este análisis un antropomorfismo algo distante de la realidad. El críalo pretende, a mi juicio, forzar una puesta de reposición inmediata que asegure la supervivencia de alguno de sus huevos. Lejos de tratarse de un castigo, la estrategia cuenta con la ventaja de que los huevos de este tipo de puestas de reposición en las urracas están menos pigmentados, y son simplemente más difíciles de diferenciar de los de críalo que en las primeras puestas.

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Jóvenes críalos (Clamator glandarius) en un nido de urraca (Pica pica) con 3 y 7 días de edad.

Como vemos, los pequeños críalos eclosionan antes que sus hermanos adpotivos. Pronto es necesario que ambas urracas les alimenten, desocupando la tarea de incubación que aún deberían llevar a cabo. Así, en muchos casos como en este los huevos de urraca ni siquiera llegan a eclosionar. Éstos se quedan en el nido o son retirados de uno en uno.

Gracias al descubrimiento de este nido he podido anillar a estos dos pollitos de una especie cuyos movimientos migratorios no son aún bien conocidos. En la fotografía vemos a uno de los jóvenes con 8 días de vida mostrando un desarrollo espectacular para su corta vida, y un detalle de los dedos en disposición zigodáctila: dos dedos hacia delante y dos dedos hacia detrás. Los cuculiformes se distinguen de los paseriformes entre otras cosas por este detalle anatómico, teniendo estos últimos los dedos en disposición anisodáctila, es decir, tres dedos hacia delante y un cuarto dedo orientado hacia atrás.

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Para terminar, un breve repunte lógico: conforme el pollo de críalo crece, su aspecto es claramente distinto al de una urraca (cuando es muy pequeño puede distinguirse por las papilas de la boca o por la zigodactilia en sus patas frente a la anisodactilia de la urraca). Uno puede preguntarse por qué las urracas no detectan que el pollo que crían no está “convirtiéndose” en urraca, una vez que, por ejemplo el anillo ocular rojo que una urraca no tendría, comienza a ser visible. También cabe preguntarse si podrían aprender a rechazar los huevos de críalo, que, como vemos, no son tan parecidos, o si podrían dejar de perseguir en vuelo a los críalos si es en su ausencia es cuando se produce el cambio. Lo cierto es que se ha observado que algunas parejas de urracas son reticentes a dejar el nido solo aún viendo pasar por sus ojos el incontrolable estímulo de un críalo volando y gritando. En realidad, nos encontramos inmersos en un proceso evolutivo que lleva y llevará probablemente miles de generaciones, fruto del cuál los jóvenes críalos siguen saliendo adelante cada año, a costa de la vida de las urracas.

Cajas nido de Carbonero común (Parus major)

Gran parte de los estudios sobre la reproducción en Paseriformes se ha realizado con el carbonero común (Parus major), gracias a su facilidad para aceptar cajas nido y al hecho de que por lo común se dejan manipular sin abandonar la puesta.

Durante estos días vivimos en el centro de España el inicio de la reproducción de esta especie, y una de mis cajas ya ha sido ocupada por una pareja que terminaba de construir el nido en los últimos días de marzo.

Justo antes de amanecer el 1 de abril, la hembra ponía el primer huevo en la caja. Este huevo reposa sin incubar, a la espera de que la puesta esté casi completa. A razón de un huevo diario, la hembra va engrosando la puesta hasta un total de 8 huevos, cubriéndolos cuidadosamente con pelo de forma que es imposible verlos, evitando además que se desequen. No olvidemos que el huevo es una estructura porosa que permite (y necesita) el intercambio gaseoso con el medio externo; este intercambio, como consecuencia de las elevadas temperaturas de esos primeros días de abril, puede provocar una excesiva pérdida de agua que el embrión necesitará durante los 12-13 días que durará la incubación. En su caso, este recubrimiento también los protege del frío excesivo, y por supuesto de los depredadores, ya que los huevos quedan tapados de tal forma que es imposible verlos desde el agujero. Destapando con cuidado pueden verse los huevos puestos hasta el momento, caracterizados por un fino punteado rojizo repartido uniformemente por toda la superficie sobre un fondo blanco, sin acúmulos de color en la parte gruesa como sí ocurre frecuentemente en el herrerillo común.

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Con el penúltimo huevo la hembra comienza la incubación, asegurando así que todos los pollos nacen prácticamente a la vez. Solamente el último nace horas más tarde, lo que no llega a ser un problema ya que pronto la diferencia de tamaño es imperceptible, pero adelantar un día la incubación es altamente beneficioso al acortar un día la cría y por tanto la exposición a los depredadores, o en vistas a una más que probable segunda puesta.

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El día 21 de abril tienen lugar los nacimientos, y el aporte de alimento es frenético a las pocas horas, permaneciendo la hembra encima de los pollos para asegurar el aporte de calor, y siendo el macho en estas primeras etapas el encargado de traer alimento. De momento, las cebas se basan en larvas de Lepidoptera, y arañas.

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Anillamiento de autillos en Madrid

Durante los días inmediatamente posteriores a su llegada desde África, los autillos – Otus scops – se dedican a delimitar y defender el territorio que les servirá para criar durante las próximas semanas. Su conducta esquiva y aspecto mimético dificultan el estudio de sus movimientos el resto del año, y mucho tenemos aún que aprender de las costumbres migratorias de este pequeño estrigiforme. Moreau (1972) ya estableció que las poblaciones europeas de autillos invernan en el sur del Sahara, alcanzando Senegal, aunque algunos datos recientes de individuos marcados con emisores gps sugieren que nuestras poblaciones seleccionan el oeste de Marruecos, adentrándose si acaso en Mauritania sólo septentrionalmente. Adicionalmente, algunos individuos parecen haber sido vistos también durante el invierno en la costa de la Península Ibérica , lo que indicaría que parte de las poblaciones podrían no ser migratorias.

Es en este periodo cuando he podido aprovechar algunas noches para identificar ciertos territorios urbanos de la especie, que aprovecha arboledas ligadas a terrenos abiertos arbustivos para establecerse y criar. Por el momento, he podido anillar 6 ejemplares.

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Los primeros datos que se toman del individuo una vez anillado son la edad y el sexo. Antes de la reproducción, muchos de ellos son difíciles o incluso imposibles de sexar por el plumaje. El tamaño puede servir de ayuda, ya que las hembras suelen ser algo más grandes. Así, sólo los individuos que tienen la F8 (octava primaria) > 124 mm pueden ser sexados como hembras. Los menores, pueden ser tanto machos como hembras. Más adelante podrán sexarse en función de la presencia de placa incubatriz, que solamente presentan las hembras. Recordaremos un artículo anterior que hablaba precisamente de la placa incubatriz.

El datado se basa en discernir qué individuo nació el año pasado y cuál lo hizo antes, ya que aún no hay pollos del año. En su primer año de vida, tras el verano, los juveniles realizan una muda parcial que incluye las plumas del cuerpo, las pequeñas y las medianas coberteras (muda postjuvenil). Las plumas de vuelo y las de la cola se conservan en su primer invierno, por lo que van y vuelven de África con ellas, y por ello a su llegada a los sitios de reproducción éstas tienen un considerable desgaste.

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Fijándonos sobre todo en el par central de plumas de la cola, son más bien puntiagudas y el diseño forma un barreado de líneas negras irregulares acompañando a cada área pálida. Su consistencia es débil, siendo casi translúcidas con una pigmentación suave. En laa cola de un adulto los extremos son redondeados, y el diseño del barreado es más uniforme y ancho, con anchas líneas negras que acompañan regularmente a cada área blanca, que se difumina sólo levemente hacia el extremo distal.

La forma de las primarias y secundarias es también muy útil para datar individuos: en los juveniles son estrechas y afiladas distalmente, mientras que en los adultos, que realizaron una muda completa en sus cuarteles de invierno (muda postnupcial), estas plumas son redondeadas en su extremo distal, y más anchas. Su diseño también difiere, aunque como veremos más adelante cuando tengamos la oportunidad de comparar con pollos del año, apreciar esto es algo más difícil y y requiere quizá contrastar más individuos para verlo claramente.

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Grajas en Varsovia

De entre las numerosas especies que pueden verse en Varsovia a pie de calle en invierno hay una que ha llamado poderosamente mi atención. Quizá a través de su inteligencia, descrita hace tiempo por los etólogos, o quizá por los colores de su plumaje, un singular baile cromático entre lo ridículo y lo elegante.

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Todo ello camina al son de un paso firme y decidido, a la vez que precavido. La especie, que llega a pesar más de medio kilo  – rozando así el mayor tamaño entre los paseriformes europeos – es también capaz de levantar un suave vuelo y planear delicadamente aterrizando después con la dulzura de una mariposa. Resulta inconfundible la zona desnuda en la base de su pico, algo único entre los córvidos, que hace a la graja inconfundible cuando uno se acerca lo suficiente.

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Y después de todo lo rudo de su voz, que en algún momento deja oír, exhibe casi durante todo el año posturas de gran elegancia frente a su pareja, a quien parece rendir homenaje en cada paso.

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Sin duda una especie admirable de la que, por cierto, tenemos representación en España en una misteriosa población aislada en la provincia de León.

Distinción de la edad y sexo de las grajillas (Corvus monedula)

Muda y datado de Corvus monedula

Ahora que han terminado las mudas de finales de verano, las aves muestran el plumaje perfecto para pasar la temporada fría.

Las grajillas adultas mudaron todo su plumaje (muda completa), mientras que los jóvenes del año realizaron una muda parcial, que incluye plumas corporales (cabeza, espalda, pecho…) pero no las plumas de vuelo, o si acaso unas pocas. Blasco – Zumeta lo ilustra perfectamente en este esquema.

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De esta manera, un individuo observado en la mano – pero también en libertad a cierta distancia – muestra un contraste evidente entre las plumas mudadas, de un tono azulado iridiscente, y las no mudadas. Éstas últimas son las que se formaron en el propio nido allá por el mes de mayo, y como no se han renovado en la muda postjuvenil, aparecen descoloridas por el desgaste y el sol. En definitiva, son marrones.

Postjuvenil

Mientras este ejemplar se dedicaba a rebañar alimento del suelo, me brindaba la oportunidad perfecta para comprobar esto sin necesidad de capturarle. Marcadas con puntitos verdes, vemos gran parte de las plumas que el joven ya ha mudado en su muda postjuvenil, en torno a septiembre. De acuerdo exactamente al esquema de antes, las cobertoras mayores externas están sin mudar, pero al menos las tres más internas están mudadas. Tampoco ha mudado la cola, primarias, secundarias, ni, aparentemente, terciarias.

Un adulto habrá realizado una muda postnupcial completa, por lo que todas sus plumas, incluidas las del ala, cola, muestran un color uniforme brillante y azulado.

Postnupcial

Distinción de sexos

Se dice que el dimorfismo sexual en Corvus monedula no es muy marcado, pero lo cierto es que, como suelen caminar en parejas, las diferencias pueden llegar a evidenciarse si uno compara los dos individuos. La especie es mayoritariamente monógama, y se unen de por vida con la misma pareja. Determinadas situaciones pueden cambiar esto, y por ejemplo tras la muerte de uno de los dos cónyuges, el otro puede buscar pareja de nuevo. Los machos son algo más grandes, y exhiben una cabeza y nuca más gris pálida, de forma que los individuos más oscuros suelen ser hembras. El collar blanco, típico de la subespecie del este de Europa soemmerringii, es también más marcado en los machos. En esta pareja pueden advertirse algunas de estas diferencias.

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El individuo del primer plano presenta una cabeza más voluminosa, gris pálida, que contrasta con el del fondo, más oscuro en promedio y de menor tamaño. Es muy probable que el macho sea, en efecto, el primer individuo. Y sumando conceptos, se observa que el individuo del fondo – la hembra – es un joven del año, con contraste entre las plumas del ala – marronáceas y descoloridas – y las del resto del cuerpo. El supuesto macho, en cambio, presenta un plumaje nuevo cambiado por completo en la muda postnupcial.

 

Anillamiento de una Tórtola turca

No es una especie demasiado anillada la Tórtola turca (Streptopelia decaocto), un maravilloso columbiforme que se ha colado en nuestras ciudades – a menudo en la periferia de éstas – de una forma sutil y sigilosa, pero cuyas poblaciones han ido emergiendo firmemente desde que los ornitólogos de auguraran desde finales de los años 60 que tarde o temprano se acabarían instalando en Europa. Anillar un ejemplar de este tipo de especies se convierte en una agradable sorpresa para poder estudiar de cerca determinados caracteres que uno no está acostumbrado a ver en mano.

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De origen asiático, la tórtola turca se distingue  bien de su prima S. turtur por el tono más uniforme del cuerpo, pardo grisáceo o rosado por encima, con un estrecho collar negro que cubre la mitad posterior del cuello y que resulta ser, junto al tono crema del plumaje, su rasgo más conspicuo.

Como destaca Blasco-Zumeta en sus fichas, los adultos (izquierda) carecen del borde inferior marrón terroso, casi rojizo, en las cobertoras primarias. Los jóvenes, en cambio, exhiben este tono en lugar del grisáceo uniforme del adulto.

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El ejemplar que he podido capturar para anillamiento científico hoy mismo, tenía una sorprendente mezcla de plumas mudadas y no mudadas en CPP (cobertoras primarias), dado que había llegado a mudar las 3 internas, contrastando éstas con el resto de plumas retenidas del plumaje juvenil. Vemos estas 3 plumas señaladas con flechas verdes en la imagen.

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Sexar a estos individuos es algo más difícil, y espero poder capturar alguno más para poder comparar, al menos, la extensión de este tipo de muda postjuvenil en varios ejemplares de S. decaocto.

La caída drástica de las poblaciones de aves europeas

El diario El País se hace eco estos días del estudio de Richard Inger publicado en Ecology Letters sobre el declive poblacional que sufren algunas de las especies de aves más comunes de nuestro continente.

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El trabajo cita como una de las especies más afectadas al gorrión común (Passer domesticus), cuya población se ha reducido de media un 50% hasta llegar prácticamente a la extinción en algunas capitales europeas.

Además, señala al cambio en los usos del suelo y a la agricultura moderna como los principales responsables de este declive.

Consulta la noticia completa aquí:

http://elpais.com/elpais/2014/11/03/ciencia/1415037144_091265.html

O accede al artículo original en este enlace:

http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/ele.12387/abstract;jsessionid=F458324BDD22842284481E0824947839.f01t02